Barranquilla, ¿"sitio de hombres libres”?



Dicen los historiadores que Barranquilla no fue fundada por nadie, que durante la administración colonial española era un "sitio de hombres libres". El sitio San Nicolás de Tolentino.


¿Cómo fue posible la existencia de un "sitio de hombres libres" en un territorio dominado militarmente? ¿Acaso no fue considerado como un lugar privilegiado, debido a su posición geoestratégica, por la Corona Española?


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Pero, aceptemos que sí. Y pasemos a las connotaciones lingüísticas. "Sitio de libres" podemos relacionarlo con "libertad" de los habitantes para hacer lo que se les diera la gana mientras no afectara la "libertad" de los otros. Si me toleran, los tolero. Si no se meten conmigo, yo no me meto con nadie. Si no se inmiscuyen en mi vida yo no me inmiscuyo en la de otros. Vive y deja vivir. En síntesis: ¡yo no controlo a nadie, que nadie me controle!


Para que Barranquilla fuera un "sitio de libres" desde su más remoto origen era porque la falta de controles rigurosos era la "ley" que regulaba la convivencia. No solo era un "sitio de libres" sino un sitio de nadie en particular. Un lugar que se desarrolla al garete. Sin orden, sin planificación. "Un sitio de libres" que colinda con Soledad, sitio más grande que la incipiente Barrancas de San Nicolás, destinado al negocio de las porquerizas (cría de cerdos). Parece que los soledeños estarán marcados siempre por su "destino".


Fue la primera ciudad donde se aplicó la resonante frase neoliberal: "laissez faire, laissez passer", expresión francesa que significa "dejen hacer, dejen pasar". Se han hecho cosas buenas y malas y han pasado cosas buenas y no tan santas. El Muelle de Puerto Colombia y el Ferrocarril de Bolívar, vía que conecta el puerto con la Estación Montoya (primera estación ferroviaria construida en Colombia a finales del siglo 19) localizada en el edificio de la Aduana, convirtió a Barranquilla en el primer puerto marítimo de Colombia y llevaron a esta ciudad a posicionarse como la segunda más importante después de la capital Bogotá. Pero a unos ricos que querían ser más ricos se les ocurrió trasladar el puerto en unas tierras compradas a precio de gallina flaca ubicadas en la hoy denominada Zona Franca, a orillas del rio de La Magdalena. Las consecuencias trágicas se sabían de antemano por eso no tardaron en salir a flote: no era viable el canal navegable por las sedimentaciones que se acumulan cerca a la desembocadura del rio que afectaban los calados apropiados para el ingreso de grandes buques. Ni los tajamares, ni el dique direccional, ni los dragados periódicos han resuelto esta tragedia económica y para colmo de males nació el "cartel de lodo". Pasan cosas malas como el contrabando desde los años 50 del siglo pasado, pero también pasa la “Batalla de Flores”, evento que le da apertura al Carnaval.


El presidente Marco Fidel Suarez calificó a Barranquilla como: "Pórtico Dorado de la República de Colombia” y posteriormente e mandatario de los colombianos, Mariano Ospina Pérez la denominó: “La Puerta de Oro de Colombia” Sin embargo, al parecer, a los alcaldes de la época se les perdieron las llaves dejando permanentemente abierto el portón por donde entró Raimundo y todo el mundo, como "Pedro por su casa", incluyendo parte de la escoria que echó raíces aquí. Escucharon la señal del tambor que hablaba del "mejor vividero del mundo". Es cierto, el "sitio de libres “con una población noble, hospitalaria, pero botarate era el lugar ideal para cualquier avivato que deseara hacerse millonario.


En 1819, llegaron de muy lejos los inmigrantes judíos sefarditas, expulsados de España y Portugal; llegaron los sirio-libaneses de origen humilde. Vinieron, primero, del Imperio Otomano y después de Siria, Líbano y Palestina entre 1880 y 1930. Estos inmigrantes eran pequeños comerciantes de chucherías, agricultores y joyeros.


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Llegaron los Judíos ricos y arribaron los árabes, al parecer de tierra santa. Sirio-libaneses, pobres y analfabetas huyendo de la guerra. Si por analfabetismo desconocían la historia de sus pueblos con mucha mayor razón ignorarán la historia de la Barranquilla pujante con su dinamismo industrial. Llegaron con muchas ganas de trabajar y progresar a nivel familiar, eso no se puede negar. Fueron los primeros en introducir el crédito personal, una practica comercial pionera parecida al "paga diario" actual, aunque no era con dinero sino metiendo tela y sacando tela para "regarla" a crédito entre los parroquianos cuya costumbre sempiterna es sentirse "hazañosos" por entrenar la "pinta” en matrimonios, bautizos, confirmaciones, primeras comuniones, cumpleaños, quinceañeros, fiestas patronales y paganas como el Día de las “Brujitas” y otras como el Día dela Madre, Día del Padre, de la suegra y el suegro, bodas de cobre, bronce, acero, plata, platino, oro y diamante y, sobre todo, las fiestas decembrinas de Navidad y Año Nuevo. Entrenar ropa pinta, aunque tuvieran los bolsillos vacíos, es un raro sentido de identidad barranquillera, símbolo de pertenencia.


Barranquillero y "pinta" van de la mano. El poder de los "quilleros" pobres está en la "pinta" y las fiestas, en el jolgorio y la recocha, en la mamadera de gallo y el "perrateo".


Y entre "pintas" y jolgorio los llamados equivocadamente y peyorativamente "turcus berros" (turcos perros) acumulaban masas de dinero que mas tarde se convertiría en tremendo "broblema", majito. Porque a punta de majito para arriba y majito para abajo, nos enmajitaron.


Llegaron europeos: alemanes, franceses, españoles e italianos huyendo de la Primera y Segunda Guerras Mundiales; también llegaron los guajiros con su bonanza marimbera y sus camionetas ranger; llegaron los corronchonchones con una mano atrás y otra delante; los santandereanos toches y ¡eh, avemaría, pues hombre!, hasta los paisas. Trajeron su cultura e incultura. Trajeron poco y se han llevado mucho. Unos llegaron con machetes tipo rulas, otros con revólveres, los últimos con pistolas y metralletas. Los conflictos personales que antes se resolvían a puño limpio y patadas pasaron a resolverse con armas de fuego y corto punzantes. A mi, me correteó un cachaco, por jugarle una broma, se me vino encima, cuchilla en mano, de esas de afeitar. ¡Jesús bendito, que susto! ¡Me salvé porque Dios es misericordioso!


Trajeron, paradójicamente, el silencio "obligado" contrario a la bulla identitaria. Esta es una ciudad acostumbrada a odiar a los "sapos", porque se impone el “principio social”: "viva y deje vivir". En la alborada del progreso, se odia al "sapovisor" (empleado de confianza) en las fábricas; en la perversidad politiquera es odiado el "sapo" que quiere ascender o mantener su cargo de “corbata” congraciándose con el jefe. Y en la bonanza marimbera y cocalera el "anti sapismo" por miedo sobre pasa los límites de la estructura mafiosa y se entroniza en la sociedad. Ante el guajiro marimbero se guarda silencio. Da miedo su dialecto, el revolver al cinto y el ruido del motor de su ranger cuatro puertas. Ante el mafioso narco se guarda silencio sepulcral, solo por su dialecto "traquetol”. Con el silencio obligado llegan las mordazas para los periodistas y la auto censura. Es cierto, también la auto mordaza porque hay periodistas que no pueden hablar con la boca llena. Y con tanto miedo y tolerancia complaciente no faltan los que solo se atreven a expresan: "roban, pero hacen".


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La población de Barranquilla es una mescolanza, un "tutifruti" de advenedizos y raizales, al que algunos historiadores llaman sofisticadamente y sin ambages: ciudad cosmopolita. En la cosmopolita se erige una "torre de babel dentro de la lengua madre" con los dialectos: arabeol, barranquillol y su variante coletol; chinol, cartagenerol, corronchol sabanero y ribereño, guajirol y guajirol-wayú, cachacol santandereano, cachacol bogotano, cachacol paisa y su variable "traquetol"; cachacol caleño, pastusol, palenquerol y otros dialectosialectos "pupi" y gomelol.


Caos, descontrol, falta de planificación, indisciplina social, bulla y silencio "obligado", tierra de oportunidades de oportunistas y avivatos. La cruz del "sitio de libres" la siguen cargando los "bulliciosos".